miércoles 13 de diciembre del 2017

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Sorpresivo amor por los animales en Arrecife

¡Felipe, Felipe! Era lo que se escuchaba por las callejuelas detrás del Ayuntamiento de Arrecife el pasado viernes. Eran las horas de inicio de la siesta de muchos, de finalizar los ágapes en los bares céntricos de la Plaza de Las Palmas. Todo el movimiento que se observaba era, con total seguridad, el de las personas que volvían a su casa, escondiéndose del sol del mediodía como vampiros urbanos, para iniciar con fuerzas el fin de semana.

Al entrar en una calle, junto a la Comisaría de la Policía Local, volvió a mis oídos el nombre de ese dichoso Felipe. Que sorpresa la mía al comprobar que era una mujer con una bolsa de comida para gatos, que alguno de sus invitados periódicos no acudía a una cita que tenía pinta de ser más que habitual, por el bien de los estómagos gatunos que, aún viviendo en el centro de la capital, precisarán de ayuda para el sustento del día a día.

Me emociona descubrir a gente buena y desinteresada. Y no es porque nos acerquemos a galope a la Navidad. Y admiro a aquel que ayuda a los animales, humanos o no, sin exigir nada a cambio. Era una chica joven, con gafas de sol y una preocupación indisimulada por su Felipe que se apreciaba en las cuerdas de su voz. Al pasar a su lado y disfrutar de la escena, pues para los gatos congregados era como la cena de Fin de Año, no pude más que girarme y darle a la chica las gracias.

Para mi sorpresa además era educada y contestaba, sorprendida por algo que debería escuchar más a menudo, un “gracias a ti” que me llenó el alma de bonhomía.

En ese momento, con los gatos disfrutando del yantar, solo deseé que Felipe apareciera, compartiera mesa y durmiera esa tarde con la panza llena. En ese mismo instante, me olvidé por unos segundos de todo lo mundano, algo que debiera ocupar mucho menos espacio de lo que ocupa en nuestras vidas y recordé algo que como animal humano cuesta recordar, que hacer el bien cuesta mucho menos y compensa mucho más que hacer el mal.

PD: No es una historia navideña. Ocurrió de verdad en Arrecife y es señal de que hay esperanza. Mínima pero hay y eso ya es motivo para sonreir.

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Comentarios  

 
#1 Monica 20-11-2017 11:11
No son invisibles,,,es tán ahí,tan sòlo hay que querer verolos y ayudarlos,merec en ser felices,y vivir dignamente.tenemos mucho que aprender de ellos.Qué precioso texto ,qué bellas palabras,afortu nadamente cada vez son más las personasconcien ciadas con los animales.gracias por tan bello relato.
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